En la asignatura de sensibilización para niños de 3 años, se inicia el camino hacia el descubrimiento de la música de manera lúdica y creativa. Este es el primer año en que los niños se enfrentan a las sesiones sin la presencia de sus familiares, por lo que la asignatura tiene un enfoque que no solo busca fomentar el aprendizaje musical, sino también acompañar el proceso de socialización y adaptación al nuevo espacio de forma segura y divertida.

¿Qué se trabaja en sensibilización para 3 años?

  1. Sonido y silencio: A esta edad, los pequeños comienzan a distinguir entre el sonido y el silencio, desarrollando la capacidad de concentración y de escucha activa. Las actividades se centran en ayudar a los niños a experimentar y reconocer estos dos elementos fundamentales de la música, reforzando su comprensión del espacio sonoro que les rodea.
  2. Ritmo y coordinación motriz: Se utilizan juegos y ejercicios que favorecen la sincronización de los movimientos del cuerpo con el ritmo de la música. Los niños, al moverse al ritmo de canciones, aprenden a controlar su cuerpo, lo que favorece el desarrollo de la motricidad gruesa. Esto también mejora su capacidad de seguir patrones rítmicos simples y de coordinar movimientos a través del juego.
  3. La voz y la escucha: El uso de la voz y el desarrollo de la escucha son clave en esta etapa. A través de cantos, canciones y juegos vocales, los niños exploran diferentes sonidos que pueden producir con su voz, y aprenden a imitar, escuchar y reproducir melodías sencillas. Estas actividades estimulan tanto su desarrollo lingüístico como su capacidad para distinguir tonos y matices de sonido.
  4. Exploración de instrumentos musicales: En las sesiones, los niños tienen la oportunidad de interactuar con instrumentos de pequeña percusión, lo que despierta su curiosidad por los sonidos y las diferentes texturas musicales. Además, se introduce de forma divertida la clasificación de los instrumentos según su familia: cuerda, viento y percusión. A través de juegos de exploración, los pequeños empiezan a reconocer las características físicas de los instrumentos y sus sonidos particulares.
  5. Descubrimiento del cuerpo como instrumento: El cuerpo humano se convierte en un instrumento más en las clases. A través del movimiento, los niños exploran diferentes formas de producir sonidos, como aplaudir, golpear el suelo, y emitir sonidos con las voces. Además, se les enseña a identificar el cuerpo como un medio para crear música y expresarse de manera creativa.
  6. Estimulación del oído y del lenguaje: A través del reconocimiento de sonidos y su relación con los instrumentos musicales, los niños desarrollan su capacidad auditiva, lo cual es crucial para el desarrollo del oído musical y la comprensión del habla. Se les anima a identificar y diferenciar los sonidos que emiten los instrumentos y a asociarlos con las emociones y las historias que las canciones pueden contar. 

Este primer contacto con la música es esencial para los más pequeños, ya que les permite comenzar a construir una base sólida para el desarrollo de sus habilidades musicales y emocionales, todo ello en un entorno estimulante y alegre.